“El Diario Crítica”

Fue el diario más original y novedoso que hayan leído los argentinos. Nació el 15 de septiembre de 1913, y más que un diario fue un imperio. Para tener un panorama abarcador, concreto, paradigmático de lo que fue este diario, debemos remontarnos a la década del ´20, una época rica en bohemia y cultura, para esa ciudad que iba creciendo desmesuradamente y que se llamaba Buenos Aires. El ambiente Profusión de cafés literarios y la vehemencia del enfrentamiento verbal entre los grupos intelectuales de Florida y Boedo.El auge del mejor jazz y el cante y baile flamencos (Av. de Mayo) La popularidad del circo criollo y su estímulo con la llegada de dos grandes: Hegenbeck y el Sarrasani. La publicación de libros a jóvenes que revelaban una nueva inquietud y una oleada renovadora en las artes plásticas que marcó el regreso al país de Pettoruti y Xul Solar. La gran presencia del teatro nacional en el centro y en los barrios con profusión de autores, saineteros, comediógrafos, dramaturgos. Autores como Carlos Pacheco, Armando Discépolo, Vacarezza que reflejaron ambientes y tipos nuestros. El mundo particular de la calle Corrientes angosta y sus adyacencias, donde proliferaban numerosos cafés tangueros, teatros, librerías de viejo y boliches esquineros. En tres palabras: vida nocturna intensa. Es la época cuando Jorge Luis Borges reúne a la mayoría de los colaboradores jóvenes del periódico “Martín Fierro” (Segunda Época) en un “Comité de intelectuales pro candidatura de Yrigoyen”. Si, escucharon bien… El diario Al decir del poeta Raúl González Tuñon (R.G.T.), “Crítica” se desarrolló en el período de libertad de prensa más extraordinaria y absoluta, que conoció el país desde 1916 hasta setiembre de 1930. Y fue según el mismo R.G.T. “una aventura periodística fantástica”. El director del diario fue Natalio Félix Botana Millares: hombre culto, poeta frustrado, periodista de genio. (Así lo define en 3 características R.G.T.). Un uruguayo que con solo 25 años había llegado a Buenos Aires, escapado y sin un peso, pero fumando un puro y con radiantes polainas grises. Atrás había quedado su lucha en la sanguinaria guerra civil de colorados contra blancos y un pasado como novicio jesuita

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Y se murió en 1941, de una forma tonta, luego de un accidente automovilístico menor en Jujuy a donde había ido a comprar una cantidad disparatada de campos con el propósito de hacer un paraíso terrestre, al que pensaba poblar con la flora y la fauna más exóticas del planeta: parece ser que estaba perdidamente enamorado y a punto de casarse por segunda vez y quería regalarle a su amada ese Edén. Al morir, dejó una fortuna incalculable, a punto tal que su única hija, “La China” vive en París. Sus detractores y enemigos (que los tenía y muchos) solían decir que su fortuna no provenía únicamente de la edición de periódicos. El más famoso de sus indemostrables chantajes –según se cuenta- fue el que Botana le hizo a la Compañía Sudamericana de Fósforos. Botana, cosa habitual en él, estaba jugando una partida de póquer cuando, de pronto le dijo a su fiel escudero-valet también uruguayo, el “Negro” Arrué, que siempre le cubría las espaldas, que comprara 100 cajas de fósforos “Ranchera” y contara uno por uno los fósforos de cada caja; así lo hizo el “Negro” Arrué, y el resultado fue que ninguna contenía exactamente los 90 fósforos que anunciaba. Botana, ni corto ni perezoso, proyectó matemáticamente la diferencia, calculó la defraudación anual que la compañía practicaba con sus usuarios y se la hizo pagar de un solo golpe a cambio de no publicar el hallazgo en “Crítica”. Historias imposibles de comprobar…. Algunas anécdotas lo pintan a Botana de cuerpo entero. Este episodio que relata R.G.T. demuestra a las claras la libertad de expresión y de acción imperante en el diario. “Los viernes, en una página ciertamente singular, colaborábamos varios de los poetas y escritores miembros de la redacción. En una de esas apareció un artículo mío sobre Henry Ford, el cual había adquirido vastos terrenos en la zona cauchera del Brasil para explotar en forma directa el producto. A la mañana siguiente me llamó el subdirector, advirtiéndome: ´El director te espera, llevá la renuncia preparada. ¿Estás loco? Te metiste con Ford y los de la agencia acaban de retirarnos los avisos´. Pero el director sonriendo, se limitó a mostrarme la carta que sería enviada a los agentes del empinado personaje. En síntesis, decía: ´El señor Raúl González Tuñón, premio municipal de poesía y redactor responsable de este diario, como no está de acuerdo con la teoría que el Sr. Ford representa en el mundo, se ha permitido formularle críticas. Ustedes, con su actitud, lo han rebajado al nivel de un vulgar fabricante de automóviles”. Los avisos siguieron viniendo. Una segunda anécdota nos muestra a Botana, con todos los sentidos puestos con el único fin de obtener una primicia. La opinión pública, orientada a través de una campaña a favor de la detenida María Poey de Canelo, estaba de parte de ésta y contra un juez enconado que la acusaba de homicidio por envenenamiento. El director del diario (Botana) llamó a Gustavo González (G.G.), un inteligente cronista policial, muy astuto. Iban a exhumar el cadáver de la víctima para un nuevo examen en busca de cianuro; era una prueba decisiva. Asesorado por Botana, G.G. detuvo al plomero que iba a intervenir en la horrenda ceremonia, ofreciéndole una regular cantidad de dinero. Ambos cambiaron las ropas en el baño de un café cercano. Al finalizar el examen G.G. oyó al médico declarar que no había veneno y se fue corriendo. La 5º edición salió poco después con un título a toda página: “NO HAY CIANURO”. En la crónica aparecía la fotografía del cronista, y al lado otra en la que se lo veía con su disfraz, bajo el título: “el supuesto plomero”. Como ya había sucedido otras veces la sensacional noticia hizo que el tiraje aumentara considerablemente. Otra anécdota más, pinta de cuerpo entero la comunión que había entre los lectores y el diario. Cierta vez, varios presos escaparon por un túnel del penal de Las Heras, el primero en salir fue un dirigente obrero panadero, injustamente condenado por terrorista. Defendido por el popular vocero gráfico durante el proceso, no olvidó esto, y desde un café hizo un llamado telefónico anunciando la espectacular fuga, cuando aun no habían descubierto el túnel. Desde el diario le ofrecieron asilo, lanzándose enseguida una edición especial con la noticia bomba. Pronto consiguieron hacerlo salir del país en forma clandestina, y cuando estaba seguro, en el exterior, se publicó una sensacional fotografía del dirigente obrero evadido, tomada en el taller del diario aquella misma tarde, con el director a su lado y la gran máquina al fondo. En suma una tomadura de pelo para las autoridades y otro nuevo y sensible aumento de tiraje para el diario. Los redactores de “Critica” eran un conjunto de notables por donde se los mirase: El peruano Luis Góngora dueño de la síntesis expresiva más perfecta. Los poetas Raúl González Tuñon, Horacio Rega Molina, Nicolás Olivari, Pondal Ríos, Conrado Nalé Roxlo, Luis Cané, Carlos de la Púa, Córdova Iturburu, César Tiempo. (9 poetas reconocidos, que trascendieron, en una misma redacción, increíble…) Los novelistas Roberto Arlt y Pablo Rojas Paz. El más notable cronista político de ese entonces, Roberto Martínez Cuitiño. El consagrado comediógrafo Enrique Guastavino. Hugo Marini que crea un nuevo tono en las crónicas de fútbol. El “Tuerto” Gozalvo, agudo crítico de arte, el hombre que una vez empeñó su propio ojo de vidrio en una compraventa de la calle Libertad, hecho que R.G.T. relató en su poema “A las 3 bolas”. Todo un personaje. Hospitalizado cierta vez, Gozalvo, escribió: “Los médicos dicen que no tengo remedio, pero yo les doy esperanzas”. Ulises Petit de Murat, cinematógrafo y poeta. Colaborador de Borges. Arturo S. Mom, el hombre que iniciara en el país la crítica cinematográfica siendo un lúcido precursor del cine nacional y cuentista de rara calidad. Raúl Damonte Taborda, con el tiempo un periodista de fuste que comienza su carrera allí. Jorge Luis Borges que tuvo a su cargo durante meses el suplemento literario en colores y publicó por primera vez su “Historia universal de la infamia” en varias entregas. Máximo Sáez (Last Reason) el más notable cronista de turf de todos los tiempos que haya existido en Argentina. “Llegar a ocupar un cargo de redactor en aquellos años era algo así como hoy ser astronauta o embajador en París. Una vez llegó al diario un muchachito recomendado de 22 años, que de entrada, pidió ese puesto. Mi padre se extrañó ante semejante descaro. Pero como el otro insistía en pedirle que lo probara, le encomendó un artículo sobre Dios. ´Muy bien, señor, -dijo el solicitante- pero acláreme una sola cosa: a favor o en contra´. Mi padre lo tomó en el acto. Aquel periodista era una joya, uno de eso genios que aparecen de vez en cuando. Murió tuberculoso a los treinta años” (Memorias de “Poroto” Botana, hijo de Natalio. Diario “Nuevo Sur” 24-9-89). “Critica” podía mostrar un grado superlativo en cuanto al nivel internacional de sus redactores. Además del ya mencionado peruano Luis Góngora, escribían en sus páginas el mexicano Isaac Morales y el uruguayo Ángel Méndez. Algo notable: dos de sus periodistas llegaron luego a presidentes en sus países de origen: el colombiano Lleras Camargo y el guatemalteco J.J. Arévalo. Y desde el extranjero mandaban notas especiales para el diario, con su firma, personajes tan disímiles y atractivos como: el irónico y magistral Bernard Shaw, Niceto Alcalá Zamora (Presidente de la República Española), el boxeador Jack Dempsey y el físico Albert Einstein. Botana, llegó a financiar a uno de sus redactores, Marmaduque Grove (tío de Salvador Allende) para que diera un golpe de Estado en Chile y proclamara a este país aunque fuera por un mes, Estado Socialista. Y apoyó a presidentes como el ecuatoriano José María Velasco Ibarra y el boliviano Víctor Paz Estenssoro porque, según decía, “toda persona es respetable a pesar de su investidura”; es que como Marmaduque, Velazco Ibarra y Paz Estenssoro también habían sido periodistas de “Crítica”. En “Critica” se juntaban todos: los intelectuales populistas, los redactores duros, los dibujantes magistrales, los fotógrafos temerarios, los poetas gacetilleros, los jefes exigentes hasta el delirio, los malandras protegidos y protectores, los canillitas de pistola al cinto, todos hermanados por el éxito y la farra, y gloriosamente mareados por las recompensas que otorgaba ese increíble director que igual regalaba casas, autos o mujeres. Como los mosqueteros, los hombres de ´Critica´ fueron uno para todos y todos para uno, ´Poroto´ Botana reveló alguna vez la clave de tanta solidaridad: ´Se juntaban en la mesa de juego, eran todos timberos´”. (“Periodismo ardiente”. Noticias, 26-9-93). Decía recién de malandras protegidos y protectores y de canillitas de pistola al cinto. Botana tenía un lugarteniente llamado Eduardo “El Diente” Dughera (el apodo se debía a un ostensible diente de oro que portaba) que fue como un ariete que lanzó Botana para ganar la calle, en un tiempo en que las paradas de diarios aún no estaban limitadas. “El Diente”, en nombre de Botana, empezó a aumentar la ganancia de sus canillitas de 1,5 a 5 centavos por ejemplar, y después los lanzó a la pelea. Hubo decenas de contusos y hasta un muerto a tiros; pero ganó “Critica” y en una Argentina que tenía 10 millones de habitantes, llegó a vender diariamente, 600.000 ejemplares, casi lo mismo (más o menos) que lo que hoy vende “Clarín” a una población más que triplicada. “El Diente”, un pesado, realizó así sin saberlo ni proponérselo, un aporte histórico al periodismo argentino: creó las paradas estables y el sistema de los kioskos en las esquinas. Esta anécdota pinta también el espíritu y la creatividad de los periodistas que tenía el diario. Clemente Cimorra, fue un personaje querido entre los exiliados españoles que se reunían en los cafés de la Avenida de Mayo. Era asturiano, confeso republicano, amante de las cosas lindas de la vida y periodista. El jefe de redacción, Don Perrone (que no lo “traga” a Cimorra) le encarga nada menos que cubrir la nota de llegada del buque escuela de la armada franquista “Juan Sebastián Elcano” al puerto de Buenos Aires. Un barco que en la jerga periodística y marinera era conocido como “El Juanito”. Cimorra a regañadientes simula que va a ir, pero en rigor a la verdad se encierra toda la tarde con su amante en un departamento que compartían. Al anochecer, de vuelta en la redacción, arma una nota sin firma, repleta de lugares comunes como: “Llegó hoy a Buenos Aires el buque escuela conocido como “El Juanito”. Hizo entrada a puerto con sus velas desplegadas y la tripulación en cubierta vestida de gala”. Luego se va a dormir a su casa, fatigado por el trabajo “extra” del día. Desconocía que el barco, debido a una bajante pronunciada había anclado a varios kilómetros de nuestro puerto, río adentro. Noticia que refleja fielmente la competencia vespertina, el diario “La Razón”. Al otro día vuelve a “Crítica” y lo llama urgente el director, Natalio Botana. Cuando entra Cimorra, ni lo saluda y simplemente pone sobre la mesa los dos diarios, “La Razón” y “Crítica”. El diario competidor anuncia con tipografía catástrofe en su primera página: “El Juanito no llegó a puerto”. Cimorra se calza sus gafas, lee la crónica suya y la otra; luego se saca los anteojos y muy suelto de cuerpo dice: “Y que quiere usted de un barco que tiene nombre de marica”. Los aportes de “Crítica” al periodismo gráfico. Los titulares detonantes y a veces mal intencionados, el dibujo fuerte y vívido, la crónica policial detallada y en serie –con lujo de primicias y detalles-, la abundancia de grabados y fotografías y la redacción ultra sensacional fueron algunas de las muchas novedades con que “Crítica” irrumpió entre diarios solemnes, apiñados y aburridos. En el sentido exacto de la palabra fue el primer diario popular de la Argentina, pero con un vuelo intelectual cautivante. (“No era un diario que conducía la opinión pública, sino un diario conducido por la opinión pública”, recuerda Edmundo “Pucho” Guibourg, colaborador estrecho de Botana). * Se innovó en el contenido (p.e. en las 3 anécdotas contadas) * Y también en la técnica periodística: + cambiaron las maneras de titular + apareció un nuevo tipo de notero. La nota, suerte de enlace de lo periodístico y lo literario, pasaría a ser una de las principales fuerzas motoras del diario. Una noticia estremece a Buenos Aires: “Tranvía cae al Riachuelo en madrugada de niebla”. Subtítulo: “Entre los muertos había un niño; en el bolsillo del chaquetón llevaba un sándwich de milanesa”. * Con “Crítica” llegó el 1º rotograbado, * El primer suplemento de historietas en colores, en instantes en que comenzaba el reinado del ratón Mickey. * El primer suplemento literario en colores (Borges) * Compraron un avión, al que llamaron “El Tábano”, con el fin de realizar con mayor rapidez las crónicas de acontecimientos lejanos, locales y de países periféricos. (Por ejemplo: la “Guerra del Chaco”, notas sobre “el lejano sur” patagónico hechas estas últimas por R.G.T.). Con respecto a la “Guerra del Chaco” (Entre Bolivia y Paraguay), envía a los primeros corresponsales de guerra argentinos, un cronista y un fotógrafo. * A veces a través de sus notas pudieron dar cuenta de la arbitrariedad policial. Es conocido el caso del anarquista chileno muerto en Argentina, Tamayo Gavilán. Según la autoridad muerto en un enfrentamiento con las fuerzas del orden. El parte policial fue categóricamente desmentido, mediante la simple fotografía de unos zapatos. El cronista Gustavo González y un fotógrafo lograron entrar en el cuarto, donde el “bandido” yacía, observando que, en el apuro, le habían colocado los zapatos al revés. Se probó así que lo ultimaron mientras se hallaba durmiendo en su jergón, cuando hubiera sido tan fácil detenerlo y entregarlo al juez. Pequeña cronología del diario. (Hechos más destacados entre 1918 y 1935). En 1918 cuando la guerra mundial era el tema dominante, alcanzó la tirada extraordinaria –para ese entonces- de 140.000 ejemplares y se mostraba como ferozmente anti alemán. En 1921. Botana compró su primera rotativa propia, una Ausburg. Y en 1922 inauguró su modernísima imprenta. En 1925, “Crítica” se convirtió en el primer diario argentino y uno de los pocos en el mundo que tiraba cinco ediciones diarias: empezaba con la 3º al mediodía, y terminaba con la 7º, poco antes de la medianoche. En 1926, cuando el comandante Ramón Franco voló con el “Plus Ultra” desde Palos del Moguer (Huelva, España) y aterrizó en Buenos Aires, superando varios récords mundiales de aviación, “Crítica” exigió a sus rotativas y tiró y agotó 900.000 ejemplares. En 1927, siguió la famosa campaña de Boca Juniors por Europa con un cronista. Entre 1928 – 1930 fue opositor tenaz al gobierno radical de Hipólito Yrigoyen y festejó de forma rutilante el triunfo militar de Uriburu en 1930. Pero el romance duró poco y “Critica” inició contra Uriburu una campaña aún más feroz que la que había instrumentado contra el “Peludo” Yrigoyen, que le costó la clausura del diario y la cárcel y el exilio a Botana. La reparación vino con otro general-presidente, Justo. Y las relaciones entre ambos fueron siempre sospechosas. Ese gobierno conservador estaba gravemente jaqueado por el negociado de las carnes y el asesinato de Enzo Bordabehere en el Senado de la Nación. Cuando el avión que llevaba a Gardel cayó en Medellín, según testigos, Botana, en cuanto se enteró de la noticia, lo llamó al Presidente y le dijo eufórico: “Nos salvamos, Justito: murió Gardel”. Fue esa muerte un suceso estremecedor que “Critica” manejó con un tremendo despliegue, tapando el escándalo político y permitiendo que el gobierno de Justo saliera relativamente indemne de tan mal trance. En 1934 con el comienzo de la Guerra Civil Española, “Crítica” se pone del lado republicano antifascista.

Fuente: Clase de Roberto Baschetti dada en la Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social en el segundo semestre del año 2.000; en el marco de la materia que brinda, titulada “Una interrelación entre Periodismo e Historia Política Argentina”.

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